Día 15 : Manja-Belo sur Mer ( PISTA DE 4X4) (90 Km ± 4h)
Desayuno y salida en 4x4 atravesando pistas de arena hasta la población marinera de Belo sur Mer. Atravesaremos yermas extensiones de tierra, pistas arenosas, vegetación de clima seco propia del sur de la isla y algunos poblados de las etnias sakalava y bara. Belo es una pequeña población situada a 80 kilómetros de Morondava, frente al Canal de Mozambique. Tierra de la etnia vezo, apodados “los últimos nómadas del viento”y célebre por ser el lugar de construcción de los famosos butres y goletas malgaches. Por la tarde podremos observar la fabricación tradicional de butres, así como el poblado de la etnia vezo y si nos sonríe la suerte quizás podamos asistir a una botadura, ya que se trata de una experiencia estremecedora. El fervor de la multitud que tira de las cuerdas a la de una, dos , tres y los festejos que suceden a la ceremonia son algunos de los conmovedores actos que conlleva la finalización de una embarcación. La población también es conocida por sus salinas. Numerosas familias se encargan, generación tras generación de extraer la sal a fin de conservar los alimentos de la población a falta de refrigeración.
ECOLODGE DU MENABE (Básico)
[Alojamiento-Desayuno-Cena]
“BELO SUR MER, HISTORIAS DE BUTRES Y BRETONES
Pequeña población situada a 80 kilómetros de Morondava, frente al Canal del Mozambique. Tierra de la etnia vezo, apodados “los últimos nómadas del viento” y célebre por ser el lugar de construcción de los famosos butres y goletas malgaches.
Es a mitades del siglo XIX que debuta la historia del butre y la goleta malgache. Radama II, rey de Madagascar, en su afán de apertura hacia el mundo exterior, permite la entrada de extranjeros y los anima a invertir en actividades económicas que ayuden en el desarrollo de la isla. Es así como la familia de carpinteros bretones, los Joachim, un matrimonio con sus tres hijos establecidos en la isla de La Reunion, deciden tentar suerte y se instalan en la costa oeste de Madagascar en 1863.
Uno de los hijos, Albert (Bebea en malgache) obtiene una autorización e incluso una pequeña subvención de las autoridades coloniales para instalar una escuela de carpinteros de barcos y decide hacerlo en la pequeña población de Belo sur Mer. Los pescadores vezo que habitaban el lugar comenzaron a interesarse por aprender el oficio. La posibilidad de construir sus propias embarcaciones para después salir a faenar fue el detonante del gran éxito de la escuela.
Albert (Bebea) murió en 1932 y fue enterrado en Belo sur Mer. Actualmente cinco familias de carpinteros perpetúan el “savoir-faire” de Albert Joachim y siguen construyendo los butres (botry en malgache) y las goletas de manera artesanal.
Poder asistir a una botadura en Belo Sur Mer es una experiencia estremecedora. El fervor de la multitud que tira de las cuerdas a la de una, dos, tres y los festejos que suceden a la ceremonia son algunos de los conmovedores actos que conlleva la finalización de una embarcación.
La población también es conocida por sus salinas. Numerosas familias se encargan, generación tras generación de extraer la sal a fin de conservar los alimentos de la población a falta de refrigeración.
Otros de los puntos fuertes de Belo sur Mer y que pocos conocen son los paradisíacos islotes coralinos: Nosy Andriamitaroka, Nosy Andravoho y Nosy Andriangary donde podemos practicar snorkel en un magnífico acuario tropical de aguas turquesas y arenas blancas y donde podemos encontrarnos con tortugas, delfines y ballenas que navegan las aguas del Canal de Mozambique en total libertad. El Parque Nacional de Kirindy Mite, sus dunas que llegan hasta el mar, sus añosos baobabs y su impresionante manglar son otro de los atractivos de la zona.” Fuente ©IndigoBe Magazine.
LOS VEZO, LOS ÚLTIMOS NÓMADAS DEL MAR
Los Vezo son una etnia pero se les sigue considerando una comunidad o grupo sociocultural descendiente de los Sakalava, ubicado principalmente en la costa suroeste de Madagascar, entre las regiones de Tuléar, Morombe y más allá. Su identidad no está basada únicamente en criterios lingüísticos, territoriales o étnicos en sentido clásico, sino en una relación funcional y simbólica con el mar. La palabra Vezo significa literalmente “los que reman”, y es esta práctica —remar, pescar, vivir del mar— la que define su pertenencia al grupo.
Según los estudios antropológicos (Astuti, 1995), ser Vezo no es una cuestión de nacimiento, sino de acción: uno se convierte en Vezo por aprender y practicar las técnicas marítimas propias del grupo. En este sentido, la identidad Vezo es fluida, pragmática y adquirida. Esta visión rompe con las concepciones rígidas de etnicidad que dominan otras partes del mundo, y plantea un enfoque performativo de la pertenencia.
Los Vezo basan su economía en la pesca artesanal. Utilizan piraguas monóxilas (construidas de un solo tronco) de vela latina (lakana vezo) equipadas con velas o remos, y explotan recursos marinos cercanos a la costa, en especial arrecifes coralinos y bancos de peces. Su conocimiento del mar —las corrientes, los ciclos lunares, los patrones de migración de peces— es resultado de generaciones de observación empírica, lo que les convierte en expertos ecológicos locales.
La pesca se realiza con técnicas sostenibles, como el uso de trampas, arpones o redes de pequeño tamaño, en contraste con la pesca industrial que ha comenzado a amenazar sus recursos en las últimas décadas.
Los Vezo mantienen una organización social basada en unidades familiares extensas, con una fuerte dimensión comunitaria. La transmisión de conocimientos se da oralmente, dentro de las relaciones cotidianas, sin necesidad de estructuras escolares formales. Las aldeas suelen ser pequeñas, estacionales o semi-móviles, con arquitectura ligera adaptada a las condiciones costeras.
Históricamente, los Vezo han sido un grupo semi-nómada, con una alta movilidad a lo largo de la costa, motivada por factores ecológicos (abundancia de pesca), sociales (alianzas matrimoniales) y rituales (espacios sagrados o de tabú). Esta movilidad refuerza su adaptabilidad y su capacidad de resistencia frente a entornos cambiantes.
La cosmovisión Vezo está marcada por el respeto a los antepasados (razana) y a los espíritus del mar. Muchos espacios naturales —como ciertas lagunas, rocas o manglares— son considerados fady (prohibidos o sagrados), y existe una ética comunitaria que regula el comportamiento en el mar. Los rituales, cantos y tabúes forman parte de un sistema simbólico que organiza la vida y protege el equilibrio con la naturaleza.
En las últimas décadas, los Vezo enfrentan múltiples desafíos:
? Presión de la pesca industrial y la sobreexplotación marina.
? Cambios climáticos que alteran los ciclos naturales del mar.
? Turismo creciente, que si bien aporta ingresos, también puede modificar sus patrones culturales si no se gestiona de forma responsable.
? Proyectos de conservación que a veces excluyen sus prácticas tradicionales, al declararlas incompatibles con los marcos ecológicos occidentales.
Sin embargo, muchos Vezo han comenzado a colaborar en iniciativas de turismo comunitario, educación ambiental y reservas marinas participativas, mostrando una gran capacidad de adaptación sin perder su identidad.
El caso de los Vezo desafía las nociones clásicas de etnicidad y territorio. Su identidad es vivida, aprendida y ejercida, no heredada ni impuesta. Como tal, representan una forma de vida profundamente conectada con el mar, resiliente ante el cambio y rica en saberes ecológicos tradicionales.
En un contexto global de crisis ambiental y cultural, su experiencia puede ofrecer modelos alternativos de relación entre ser humano y naturaleza, basados en el respeto, la reciprocidad y el conocimiento situado.
Vivir la cultura Vezo es mucho más que observar: es compartir, aprender, respetar y dejarse transformar por una forma de vida en equilibrio con la naturaleza. Fuente ©IndigoBe Magazine