Irán
Ascensión al Damavand

El volcán más alto de Asia

Irán
Ascensión al Damavand

Irán 9 días - 8 noches Tipo de viaje: A pie Grupos (Min 2 - Max 12 )
Descubre nuestro viaje de trekking al Damavand en Irán, ascensión al volcán más alto de Asia (5 671 m), con rutas guiadas en la cordillera de Alborz y experiencia cultural persa..

Situado a unos 80 kilómetros al noreste de Teherán, el monte Damavand es un impresionante estrato volcánico que llega a 5.670 m de altitud, formando parte de la cordillera de Alborz que bordea el Mar Caspio hasta el norte. Es un joven volcán, el más alto de Oriente Medio y el pico más alto de Irán.
Su ruta por la cara sur no presenta grandes dificultades técnicas, pero las bajísimas temperaturas, la falta de aclimatación y los grandes desniveles convertirán esta ascensión en una exigente actividad de montaña.
Previamente y con el fin de una mejor aclimatación ascendemos al Mt. Tochal de 3.950 m.
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Servicios incluidos

Transporte en avión, clase turista Ciudad de origen/Teherán/Ciudad de origen

Recepción en el aeropuerto a la llegada

Traslados especificados

Traslados por tierra en minibús y jeeps

Alojamiento en hoteles de categoría turista en habitaciones dobles con baño privado, cabañas y campamentos preinstalados de montaña

Alimentación especificada en el cuadro

Guía local de habla española en Teherán y guías de montaña locales durante la ascensión

Visitas y actividades especificadas en el itinerario

Mulas para transporte del equipo (hasta 12 kg por persona)

Entradas a los lugares a visitar

Permiso de ascensión

Seguro de asistencia en viaje

Servicios no incluidos

Alimentación no especificada en el cuadro

Visitas, actividades y entradas a lugares no especificados

Extras personales, como bebidas, lavandería, teléfono...

Propinas

Visado y tramitación

Tasas de aeropuerto

Tasas aéreas

Cualquier otro concepto no mencionado como incluido

Pamir y Tayikistán: caminar en un territorio donde el mapa se queda corto

Hay lugares donde el viaje no se organiza en torno a hitos concretos, sino alrededor de la relación constante con el territorio. El Pamir, en el este de Tayikistán, es uno de esos espacios donde la geografía marca el ritmo de cada jornada y donde la sensación de aislamiento forma parte esencial de la experiencia. Altiplanos sostenidos por encima de los 4.000 metros, valles amplios y pasos de montaña que enlazan horizontes casi vacíos convierten esta región en un escenario donde el desplazamiento es siempre consciente y medido.

Viajar por el Pamir implica aceptar la altitud como condición permanente, entender las distancias en función del terreno y asumir que la logística no es un elemento secundario, sino parte del propio viaje. Aquí, cada jornada se construye a partir del clima, del estado de los caminos y de la capacidad del grupo para adaptarse a un entorno donde el viento y el frío ordenan el día. No se trata de acumular etapas, sino de avanzar leyendo el paisaje y ajustando el ritmo a lo que el territorio permite.

Tayikistán actúa como puerta de entrada a este mundo de altura. Desde las zonas más pobladas hasta los valles remotos del Alto Badajshán, el contraste se percibe de forma gradual: los pueblos se espacian, las referencias se simplifican y el silencio se vuelve parte del equipaje. La carretera del Pamir y las pistas que conectan altiplanos, lagos y pasos no son solo vías de paso; son la forma en que el país se deja recorrer.

Dos maneras de acercarse al Pamir

Aunque el territorio es uno, la experiencia del Pamir puede vivirse desde enfoques distintos: uno más centrado en la travesía y los senderos remotos, y otro en la lectura del altiplano como gran paisaje de altura, combinando desplazamientos y caminatas para entender la escala del lugar.

Para quienes buscan una inmersión clara en las montañas y en las zonas menos transitadas, el itinerario Tayikistán. Rutas secretas del Pamir propone un recorrido exigente que enlaza valles aislados, lagos de altura y pasos de montaña, con un ritmo de viaje marcado por la continuidad y la adaptación progresiva. Es una forma de conocer el Pamir caminando, donde el terreno dicta las decisiones y el paisaje se entiende por acumulación de jornadas, no por una sola imagen.

En cambio, cuando el foco está en la inmensidad del gran altiplano y en el carácter abierto del Pamir, el viaje Tayikistán: viaje al altiplano del Pamir permite aproximarse a la región desde una perspectiva más panorámica, en la que la altitud y la amplitud se convierten en el hilo conductor. Aquí el Pamir se revela como un territorio de grandes espacios: carreteras de altura, lagos fríos, pasos ventosos y pueblos distantes donde la vida se adapta a condiciones extremas. Es otra forma de entrar en el Pamir: menos centrada en la travesía continua y más en comprender el paisaje de altura como un sistema completo.

Un paisaje que impone su propio ritmo

Más allá de la dificultad física, el Pamir destaca por la sensación de continuidad y escala. Los horizontes se prolongan durante horas, los cambios de luz transforman el relieve de forma constante y las noches en altura refuerzan la percepción de estar en un lugar que funciona con sus propias reglas. El viaje se vuelve un ejercicio de atención: al clima, a la energía del grupo y a la altitud, que no se “supera”, sino que se gestiona.

No es un destino inmediato ni complaciente. Requiere tiempo, preparación y una disposición clara a asumir que el ritmo no lo marca un reloj, sino el entorno. Pero precisamente por eso, quienes recorren el Pamir suelen coincidir en que la experiencia deja una huella profunda: no tanto por la acumulación de imágenes, sino por la forma en que el paisaje obliga a simplificar, a observar y a avanzar con una conciencia plena del lugar que se está atravesando.

Caminar para entender

El Pamir no se explica del todo desde fuera. Es un territorio que se comprende viajando despacio, aceptando la altitud como parte del día y entendiendo que cada decisión —una ruta, una parada, una caminata— forma parte de una lectura más amplia del paisaje. Ya sea a través de una travesía profunda por senderos aislados o mediante la exploración del altiplano como gran mundo de altura, recorrer Tayikistán y el Pamir significa entrar en contacto con una de las regiones menos transformadas de Asia Central: un lugar donde el viaje no se mide solo en kilómetros, sino en la relación que se establece con el espacio y con el tiempo.

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