Jordania y Arabia Saudí

El Mundo de los Nabateos

Jordania y Arabia Saudí

Jordania 8 días - 7 noches Tipo de viaje: Sapiens Grupos (Min 6 - Max 12 )
El reino Nabateo es el hilo conductor de este viaje que te permitirá quedarte con lo mejor de Jordania, Petra y Wadi Rum, y conocer un país que está empezando a abrirse al mundo, Arabia Saudí.

Los nabateos fueron una tribu nómada beduina, recorrían el desierto de Arabia, impulsaron importantes rutas comerciales entre el sur del Golfo Pérsico y el norte de África y se caracterizaban por contar con una población culta, abierta y famosa por su arte.


De esta enigmática y poco conocida cultura resaltan dos ciudades que hoy en día son Patrimonio de la Humanidad: Petra en Jordania y Madain Saleh en Arabia Saudí.


Este viaje borra la fronteras entre estos dos países para trasladarte al s. IV aC y revivir el esplendor del mundo nabateo.


Empezarás descubriendo su capital, Petra, y lo harás evitando los circuitos más comerciales, concurridos y típicos para captar todo su esplendor.


Y es que el comercio caravanero de productos de lujo la convirtió en una próspera ciudad, donde soberanos y ricos mercaderes construyeron magníficos edificios excavados en su rosada piedra arenisca.


El segundo centro importante del reino nabateo fue Madain Saleh, situado en la ciudad de Al-Ula, en Arabia Saudí. Con 2.000 años de antigüedad es el primer lugar de este país declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Este programa no sólo te permitirá unir las dos principales ciudades del reino Nabateo, Petra y Madain Saleh, sino que por el camino te adentrarás en el desierto del Wadi Rum, descubrirás yacimientos arqueológicos apenas visitados y ciudades emblemáticas del islam.


Si buscas un viaje cultural interesante, sorprendente y activo este es el tuyo.


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Servicios incluidos

Vuelos en clase turista Ciudad de origen/Amán-Jeddah/Ciudad de origen, con conexiones intermedias.

Asistencia en los aeropuertos en destino

Traslados especificados

Transporte en vehículo privado con chófer local de habla inglesa, durante el recorrido en Jordania y Arabia Saudí.

Alojamiento en hoteles de categoría turista y una granja en Al-Ula, en habitaciones dobles con baño privado (según cuadro)

Alimentación especificada en el cuadro

Actividades y visitas especificadas en el itinerario incluyendo entradas

Tren Medina/Jeddah en clase turista

Guía acompañante de habla hispana en Jordania y guías locales de habla inglesa en Arabia Saudí

Guía local de habla inglesa para Trekking en Wadi Rum

Seguro de asistencia en viaje

Servicios no incluidos

Alimentación no especificada en el cuadro

Extras personales, como bebidas, lavandería, teléfono...etc.

Propinas

Visado

Cualquier otro concepto no mencionado como incluido

Pamir y Tayikistán: caminar en un territorio donde el mapa se queda corto

Hay lugares donde el viaje no se organiza en torno a hitos concretos, sino alrededor de la relación constante con el territorio. El Pamir, en el este de Tayikistán, es uno de esos espacios donde la geografía marca el ritmo de cada jornada y donde la sensación de aislamiento forma parte esencial de la experiencia. Altiplanos sostenidos por encima de los 4.000 metros, valles amplios y pasos de montaña que enlazan horizontes casi vacíos convierten esta región en un escenario donde el desplazamiento es siempre consciente y medido.

Viajar por el Pamir implica aceptar la altitud como condición permanente, entender las distancias en función del terreno y asumir que la logística no es un elemento secundario, sino parte del propio viaje. Aquí, cada jornada se construye a partir del clima, del estado de los caminos y de la capacidad del grupo para adaptarse a un entorno donde el viento y el frío ordenan el día. No se trata de acumular etapas, sino de avanzar leyendo el paisaje y ajustando el ritmo a lo que el territorio permite.

Tayikistán actúa como puerta de entrada a este mundo de altura. Desde las zonas más pobladas hasta los valles remotos del Alto Badajshán, el contraste se percibe de forma gradual: los pueblos se espacian, las referencias se simplifican y el silencio se vuelve parte del equipaje. La carretera del Pamir y las pistas que conectan altiplanos, lagos y pasos no son solo vías de paso; son la forma en que el país se deja recorrer.

Dos maneras de acercarse al Pamir

Aunque el territorio es uno, la experiencia del Pamir puede vivirse desde enfoques distintos: uno más centrado en la travesía y los senderos remotos, y otro en la lectura del altiplano como gran paisaje de altura, combinando desplazamientos y caminatas para entender la escala del lugar.

Para quienes buscan una inmersión clara en las montañas y en las zonas menos transitadas, el itinerario Tayikistán. Rutas secretas del Pamir propone un recorrido exigente que enlaza valles aislados, lagos de altura y pasos de montaña, con un ritmo de viaje marcado por la continuidad y la adaptación progresiva. Es una forma de conocer el Pamir caminando, donde el terreno dicta las decisiones y el paisaje se entiende por acumulación de jornadas, no por una sola imagen.

En cambio, cuando el foco está en la inmensidad del gran altiplano y en el carácter abierto del Pamir, el viaje Tayikistán: viaje al altiplano del Pamir permite aproximarse a la región desde una perspectiva más panorámica, en la que la altitud y la amplitud se convierten en el hilo conductor. Aquí el Pamir se revela como un territorio de grandes espacios: carreteras de altura, lagos fríos, pasos ventosos y pueblos distantes donde la vida se adapta a condiciones extremas. Es otra forma de entrar en el Pamir: menos centrada en la travesía continua y más en comprender el paisaje de altura como un sistema completo.

Un paisaje que impone su propio ritmo

Más allá de la dificultad física, el Pamir destaca por la sensación de continuidad y escala. Los horizontes se prolongan durante horas, los cambios de luz transforman el relieve de forma constante y las noches en altura refuerzan la percepción de estar en un lugar que funciona con sus propias reglas. El viaje se vuelve un ejercicio de atención: al clima, a la energía del grupo y a la altitud, que no se “supera”, sino que se gestiona.

No es un destino inmediato ni complaciente. Requiere tiempo, preparación y una disposición clara a asumir que el ritmo no lo marca un reloj, sino el entorno. Pero precisamente por eso, quienes recorren el Pamir suelen coincidir en que la experiencia deja una huella profunda: no tanto por la acumulación de imágenes, sino por la forma en que el paisaje obliga a simplificar, a observar y a avanzar con una conciencia plena del lugar que se está atravesando.

Caminar para entender

El Pamir no se explica del todo desde fuera. Es un territorio que se comprende viajando despacio, aceptando la altitud como parte del día y entendiendo que cada decisión —una ruta, una parada, una caminata— forma parte de una lectura más amplia del paisaje. Ya sea a través de una travesía profunda por senderos aislados o mediante la exploración del altiplano como gran mundo de altura, recorrer Tayikistán y el Pamir significa entrar en contacto con una de las regiones menos transformadas de Asia Central: un lugar donde el viaje no se mide solo en kilómetros, sino en la relación que se establece con el espacio y con el tiempo.

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