Irak. Regreso a Mesopotamia

Viaje a la Primera Civilización

Irak. Regreso a Mesopotamia

Irak 10 días - 9 noches Tipo de viaje: Sapiens Grupos (Min 4 - Max 18 )
9 días de viaje a lugares míticos en Irak
Después de muchos años esperando la oportunidad, por fin la República de Irak abre sus puertas al turismo. El país sigue enfrentando inestabilidad social, política y económica, características que definen hoy en día a muchos países de Oriente Próximo (Líbano, Siria, Irak, Irán). Sin embargo, la violencia ha cesado y las regiones a visitar ofrecen seguridad. Esto nos permitirá conocer de primera mano lugares míticos de la historia pasada y reciente, como las ciudades sumerias de Ur y Uruk, Bagdad, capital de Al-Mansur y Harún al-Rashid, la antigua capital de Samarra, la Basora de los marineros y comerciantes árabes, así como reservas naturales únicas como las marismas de Mesopotamia, con sus habitantes y su forma de vida milenaria. También visitaremos lugares de creciente importancia religiosa en el mundo islámico, como los centros de peregrinación de Karbala (mausoleos de Hussein y Abbas), Najaf (mausoleo de Alí), Wadi Salam (el cementerio más grande del mundo) o Kufa.

Por primera vez, visitaremos las ruinas de Hatra (la Palmira de Mesopotamia) y Mosul, la capital tradicional del norte de Mesopotamia, tras sufrir saqueos durante la guerra.

Proseguiremos hacia el Kurdistán, donde visitaremos el maravilloso templo de Lalish, centro religioso de la comunidad yazidí, y los relieves asirios de Khans.
Finalmente, en Erbil, exploraremos la capital del nuevo Kurdistán Autónomo, con su ciudadela cargada de 6.000 años de historia. Junto con su museo, el barrio de Ainkawa y el mercado, hacen de esta ciudad un lugar único.
Este viaje nos muestra, además, una realidad política, social y religiosa que supera el ritmo de la historia en un país rodeado por potencias regionales que aún aspiran a imponer su influencia en las tierras donde surgió la primera civilización hace más de 5.000 años.
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Servicios incluidos

Traslados aeropuerto-hotel-aeropuerto

Traslados en minibús a/c con conductor

Entradas a monumentos mencionados en programa

Guía oficial iraquí (a partir de 4 personas)

Guía oficial iraquí y guía acompañante de habla hispana a partir de 06 personas

Barcas en el Eufrates y el Tigris

Alojamiento y desayuno en hoteles 4**** y 3***

Servicios no incluidos

Vuelos internacionales.

Visado Irak (150 USD aprox.).

Entradas a los monumentos y lugares a visitar

Almuerzos y cenas.

Propinas

Extras personales, como bebidas, lavandería, teléfono…etc...

Seguro de asistencia en viaje + cancelación vip plus 3000

Cualquier otro concepto no mencionado como incluido

Pamir y Tayikistán: caminar en un territorio donde el mapa se queda corto

Hay lugares donde el viaje no se organiza en torno a hitos concretos, sino alrededor de la relación constante con el territorio. El Pamir, en el este de Tayikistán, es uno de esos espacios donde la geografía marca el ritmo de cada jornada y donde la sensación de aislamiento forma parte esencial de la experiencia. Altiplanos sostenidos por encima de los 4.000 metros, valles amplios y pasos de montaña que enlazan horizontes casi vacíos convierten esta región en un escenario donde el desplazamiento es siempre consciente y medido.

Viajar por el Pamir implica aceptar la altitud como condición permanente, entender las distancias en función del terreno y asumir que la logística no es un elemento secundario, sino parte del propio viaje. Aquí, cada jornada se construye a partir del clima, del estado de los caminos y de la capacidad del grupo para adaptarse a un entorno donde el viento y el frío ordenan el día. No se trata de acumular etapas, sino de avanzar leyendo el paisaje y ajustando el ritmo a lo que el territorio permite.

Tayikistán actúa como puerta de entrada a este mundo de altura. Desde las zonas más pobladas hasta los valles remotos del Alto Badajshán, el contraste se percibe de forma gradual: los pueblos se espacian, las referencias se simplifican y el silencio se vuelve parte del equipaje. La carretera del Pamir y las pistas que conectan altiplanos, lagos y pasos no son solo vías de paso; son la forma en que el país se deja recorrer.

Dos maneras de acercarse al Pamir

Aunque el territorio es uno, la experiencia del Pamir puede vivirse desde enfoques distintos: uno más centrado en la travesía y los senderos remotos, y otro en la lectura del altiplano como gran paisaje de altura, combinando desplazamientos y caminatas para entender la escala del lugar.

Para quienes buscan una inmersión clara en las montañas y en las zonas menos transitadas, el itinerario Tayikistán. Rutas secretas del Pamir propone un recorrido exigente que enlaza valles aislados, lagos de altura y pasos de montaña, con un ritmo de viaje marcado por la continuidad y la adaptación progresiva. Es una forma de conocer el Pamir caminando, donde el terreno dicta las decisiones y el paisaje se entiende por acumulación de jornadas, no por una sola imagen.

En cambio, cuando el foco está en la inmensidad del gran altiplano y en el carácter abierto del Pamir, el viaje Tayikistán: viaje al altiplano del Pamir permite aproximarse a la región desde una perspectiva más panorámica, en la que la altitud y la amplitud se convierten en el hilo conductor. Aquí el Pamir se revela como un territorio de grandes espacios: carreteras de altura, lagos fríos, pasos ventosos y pueblos distantes donde la vida se adapta a condiciones extremas. Es otra forma de entrar en el Pamir: menos centrada en la travesía continua y más en comprender el paisaje de altura como un sistema completo.

Un paisaje que impone su propio ritmo

Más allá de la dificultad física, el Pamir destaca por la sensación de continuidad y escala. Los horizontes se prolongan durante horas, los cambios de luz transforman el relieve de forma constante y las noches en altura refuerzan la percepción de estar en un lugar que funciona con sus propias reglas. El viaje se vuelve un ejercicio de atención: al clima, a la energía del grupo y a la altitud, que no se “supera”, sino que se gestiona.

No es un destino inmediato ni complaciente. Requiere tiempo, preparación y una disposición clara a asumir que el ritmo no lo marca un reloj, sino el entorno. Pero precisamente por eso, quienes recorren el Pamir suelen coincidir en que la experiencia deja una huella profunda: no tanto por la acumulación de imágenes, sino por la forma en que el paisaje obliga a simplificar, a observar y a avanzar con una conciencia plena del lugar que se está atravesando.

Caminar para entender

El Pamir no se explica del todo desde fuera. Es un territorio que se comprende viajando despacio, aceptando la altitud como parte del día y entendiendo que cada decisión —una ruta, una parada, una caminata— forma parte de una lectura más amplia del paisaje. Ya sea a través de una travesía profunda por senderos aislados o mediante la exploración del altiplano como gran mundo de altura, recorrer Tayikistán y el Pamir significa entrar en contacto con una de las regiones menos transformadas de Asia Central: un lugar donde el viaje no se mide solo en kilómetros, sino en la relación que se establece con el espacio y con el tiempo.

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